Un
misterio. Sí. La conocí a través de la caja tonta del ordenador y sin
sospechar que vivía en mi misma ciudad. Entablamos conversación, y creo
que ha sido con la única persona del internet que concerté una quedada.
Lo recuerdo bien. Era un día de lluvia
primaveral y hasta bucólica, en los jardines de Viveros de mi ciudad
valenciana. Ella llegó con su pequeño e independiente coche. Recuerdo su
sonrisa. Cordial y educada. Serena, vital, y a la vez comprensiva y
clara. Experienciada la amiga Takiara. Sin duda. Alegre.
También recuerdo que me pasé de protector.
Traté de sostenerla y guiarla yo su paraguas para que no se mojase, pero
Takiara no quería. Era reticente al principio. Luego, poco a poco, me
dejó que la llevase el paraguas. Fue generosa.
Cuando la cita concluyó, supimos ambos dos,
cosas bien distintas. Yo, supe que me había gustado aquella mujer, y
Takiara supo que yo no le había agradado. Pero nunca lo dijo. La mujer
supo estar. Aunque esa misma tarde breve y fugaz ella ya había decidido
que, nones.
Yo, insistí. No me conformaba con aquel
visto y no visto con Takiara. Quería verla más, y sonreír con ella
durante más jornadas. Pero ella, amagaba y no daba. Y como me sabía
atraído, no quería desilusionarme el sueño irreal.
Al final, y al ver que ella no quería, me
puse un poco pesado, y entonces ella me dijo que no pensara en ella
porque me hacía daño. Y toda la razón que tenía.
Takiara me ayudó. Decidió poner distancia y
dejar de aparecer por el internet. Quería que el tiempo curase mis
heridas absurdas, preñadas de impaciencia y de imposibilidad. Dolía el
tema, pero sin duda era lo mejor que me podía pasar.
Ya han pasado muchos meses; quizás un año o
más. Cuando pienso en Takiara hoy, ya no me hace daño. Takiara
pertenece al pasado de la verdad y de lo conveniente. Mujer inteligente.
¿Qué ha sido de Takiara?... Vaya usted a
saber. Se habrá cambiado de apodo, se habrá emparejado de nuevo, ya no
le atraerá tanto el internet y el chat, o sabe Dios qué habrá sido de
ella. Pero, es lo de menos. Ojalá sea todo lo feliz que merece.
Lo más importante es que su distancia
sabia, fue el mejor camino para guiarme desde mi sacro respeto a su
libertad de mujer libre e indomable. Porque Takiara tenía los cabellos
rubios , rizados, la melena media y juvenil, y su recuerdo eterno.
- GRACIAS, SUEÑO IMPOSIBLE -
martes, 1 de agosto de 2017
Qué fue de Takiara? por José Vicente Ortí
Un
misterio. Sí. La conocí a través de la caja tonta del ordenador y sin
sospechar que vivía en mi misma ciudad. Entablamos conversación, y creo
que ha sido con la única persona del internet que concerté una quedada.
Lo recuerdo bien. Era un día de lluvia
primaveral y hasta bucólica, en los jardines de Viveros de mi ciudad
valenciana. Ella llegó con su pequeño e independiente coche. Recuerdo su
sonrisa. Cordial y educada. Serena, vital, y a la vez comprensiva y
clara. Experienciada la amiga Takiara. Sin duda. Alegre.
También recuerdo que me pasé de protector.
Traté de sostenerla y guiarla yo su paraguas para que no se mojase, pero
Takiara no quería. Era reticente al principio. Luego, poco a poco, me
dejó que la llevase el paraguas. Fue generosa.
Cuando la cita concluyó, supimos ambos dos,
cosas bien distintas. Yo, supe que me había gustado aquella mujer, y
Takiara supo que yo no le había agradado. Pero nunca lo dijo. La mujer
supo estar. Aunque esa misma tarde breve y fugaz ella ya había decidido
que, nones.
Yo, insistí. No me conformaba con aquel
visto y no visto con Takiara. Quería verla más, y sonreír con ella
durante más jornadas. Pero ella, amagaba y no daba. Y como me sabía
atraído, no quería desilusionarme el sueño irreal.
Al final, y al ver que ella no quería, me
puse un poco pesado, y entonces ella me dijo que no pensara en ella
porque me hacía daño. Y toda la razón que tenía.
Takiara me ayudó. Decidió poner distancia y
dejar de aparecer por el internet. Quería que el tiempo curase mis
heridas absurdas, preñadas de impaciencia y de imposibilidad. Dolía el
tema, pero sin duda era lo mejor que me podía pasar.
Ya han pasado muchos meses; quizás un año o
más. Cuando pienso en Takiara hoy, ya no me hace daño. Takiara
pertenece al pasado de la verdad y de lo conveniente. Mujer inteligente.
¿Qué ha sido de Takiara?... Vaya usted a
saber. Se habrá cambiado de apodo, se habrá emparejado de nuevo, ya no
le atraerá tanto el internet y el chat, o sabe Dios qué habrá sido de
ella. Pero, es lo de menos. Ojalá sea todo lo feliz que merece.
Lo más importante es que su distancia
sabia, fue el mejor camino para guiarme desde mi sacro respeto a su
libertad de mujer libre e indomable. Porque Takiara tenía los cabellos
rubios , rizados, la melena media y juvenil, y su recuerdo eterno.
- GRACIAS, SUEÑO IMPOSIBLE -
Suscribirse a:
Entradas (Atom)